Arte, fútbol y sostenibilidad

El secretario de Estado y eminente jurista John Marshall definió a la empresa, en una célebre sentencia del Tribunal Supremo de Estados Unidos en 1819, como «una persona artificial invisible, intangible, y que existe solo en la contemplación de la Ley». Marshall, a quien imagino con pelo blanco y gesto adusto, sabio y provecto, sentaba las bases de una disciplina que hoy barniza la realidad corporativa de nuestro mundo globalizado. La sostenibilidad, más allá de una camiseta de moda y una bandera para ciertos grupos con vocación mesiánica, requiere implantar un modelo estratégico de negocio que considera las expectativas de los diferentes grupos de interés y exige, por tanto, un compromiso ético por parte de la empresa, ahora ya «persona artificial». Una persona con obligaciones y derechos, sometida incluso al Código Penal, dotada de una conciencia que le permite discernir el bien y el mal y actuar en términos morales.
El Museo Thyssen-Bornemisza propone, entre sus recorridos temáticos, uno dedicado a la sostenibilidad. La propuesta consiste en un viaje por una selección de obras de la excelsa colección permanente de la pinacoteca madrileña. Dos horas de trayecto a través de doce obras que abarcan tres siglos de arte y cultura. Cada obra se interpreta en clave de sostenibilidad, proporcionando al visitante una ilustrativa muestra de las diferentes dimensiones con las que cuenta la sostenibilidad: medioambiental, social y de buena gobernanza.
Hay quien eleva el fútbol a la categoría de arte. ¿Exageran los gaditanos cuando llaman artista al mítico Mágico González? – El Mago, como mínimo, un «genio en lo suyo» (in video veritas). Por su enorme repercusión social, el fútbol no solo se encuentra profundamente arraigado en la cultura contemporánea universal; representa un hecho cultural en sí mismo. La FIFA estima que 265 millones de personas juegan al fútbol en todo el mundo y es, con diferencia, el deporte más seguido tanto a nivel mundial como en España. Y los clubes representan la referencia más inmediata para el aficionado, su banderín de enganche con esa cultura, el faro que guía sus pasos. ¡Qué enorme responsabilidad! ¿No resulta un deber ineludible para estas entidades asumir una gestión ética y socialmente comprometida?
Arte, cultura, fútbol y sostenibilidad. Un plan inmejorable para un domingo por la mañana. ¿Podremos encontrar en las obras maestras del Thyssen una referencia para la sostenibilidad de nuestros clubes de fútbol? ¿Nos inspirará el arte a buscar la excelencia en nuestras organizaciones?
En Los descargadores en Arlés (1888), Vincent Van Gogh nos muestra a un grupo de trabajadores que descarga carbón de una barcaza sobre el Ródano. Hoy, la economía de Arlés depende en gran medida de la producción de energía limpia generada por las aguas de este río.
¿Existe alguna forma de aprovechar los recursos existentes para generar beneficios minimizando el impacto negativo para el entorno? ¿Pueden los clubes emplear algunos de sus inmovilizados para generar energía renovable? ¿Se pueden optimizar las instalaciones de entrenamiento y estadios para minimizar el consumo energético?
La obra de Romare Bearden, pintor comprometido con la lucha por los derechos civiles, gira en torno a la vida y costumbres de las comunidades afroamericanas en las grandes ciudades de Estados Unidos. En Domingo después del sermón (1969), Bearden nos muestra una escena de género vibrante y colorida. Lejos del elitismo y la exclusividad de otros deportes, el fútbol es una actividad accesible y practicada por millones de personas. La inclusión viene impresa en el ADN del fútbol e iniciativas como ‘LaLiga Genuine’ —un torneo nacional para futbolistas con discapacidad intelectual— señalan un camino de igualdad y justicia social que los clubes deben recorrer como respuesta a su rol vertebrador de las comunidades en las que están implantados.
La Venecia de mediados del s. XVIII, retratada por Canaletto, representaba ya el decadente esplendor de tiempos pretéritos, cuando el mundo giraba en torno al Mediterráneo y sus rutas comerciales. Durante las últimas décadas, a las repetidas inundaciones que sufre la ciudad se suma otro fenómeno que compromete su sostenibilidad: el turismo de masas. Venecia se ha convertido en un parque temático que obliga a replantear un modelo de crecimiento poco equilibrado. ¿Corremos el mismo riesgo en el fútbol moderno? Las normativas de control económico implantadas por los distintos reguladores suponen un dique de contención frente a los excesos del pasado. La transparencia, la integridad, el equilibrio presupuestario y la seguridad en el tratamiento de la información son algunos de los mandamientos para la supervivencia de un modelo rentable pero cada vez más alejado del aficionado tradicional.
Son muchos los retos a los que se enfrenta el fútbol profesional en las próximas décadas. Y solo desde un planteamiento ético, comprometido y responsable conseguiremos superar las amenazas que se ciernen sobre este deporte que tantos millones amamos. La sostenibilidad es la única respuesta justa que pueden ofrecer los clubes de fútbol frente al mundo que los rodea.
El arte, como siempre, nos brinda una reveladora mirada al pasado para afrontar los retos del presente y adoptar visión de futuro.

Arte, fútbol y sostenibilidad

El secretario de Estado y eminente jurista John Marshall definió a la empresa, en una célebre sentencia del Tribunal Supremo de Estados Unidos en 1819, como "una persona artificial invisible, intangible, y que existe solo en la contemplación de la Ley". Marshall, a quien imagino con pelo blanco y gesto adusto, sabio y provecto, sentaba las bases de una disciplina que hoy barniza la realidad corporativa de nuestro mundo globalizado. La sostenibilidad, más allá de una camiseta de moda y una bandera para ciertos grupos con vocación mesiánica, requiere implantar un modelo estratégico de negocio que considera las expectativas de los diferentes grupos de interés y exige, por tanto, un compromiso ético por parte de la empresa, ahora ya "persona artificial". Una persona con obligaciones y derechos, sometida incluso al Código Penal, dotada de una conciencia que le permite discernir el bien y el mal y actuar en términos morales. El Museo Thyssen-Bornemisza propone, entre sus recorridos temáticos, uno dedicado a la sostenibilidad. La propuesta consiste en un viaje por una selección de obras de la excelsa colección permanente de la pinacoteca madrileña. Dos horas de trayecto a través de doce obras que abarcan tres siglos de arte y cultura. Cada obra se interpreta en clave de sostenibilidad, proporcionando al visitante una ilustrativa muestra de las diferentes dimensiones con las que cuenta la sostenibilidad: medioambiental, social y de buena gobernanza. Hay quien eleva el fútbol a la categoría de arte. ¿Exageran los gaditanos cuando llaman artista al mítico Mágico González? – El Mago, como mínimo, un "genio en lo suyo" (in video veritas). Por su enorme repercusión social, el fútbol no solo se encuentra profundamente arraigado en la cultura contemporánea universal; representa un hecho cultural en sí mismo. La FIFA estima que 265 millones de personas juegan al fútbol en todo el mundo y es, con diferencia, el deporte más seguido tanto a nivel mundial como en España. Y los clubes representan la referencia más inmediata para el aficionado, su banderín de enganche con esa cultura, el faro que guía sus pasos. ¡Qué enorme responsabilidad! ¿No resulta un deber ineludible para estas entidades asumir una gestión ética y socialmente comprometida? Arte, cultura, fútbol y sostenibilidad. Un plan inmejorable para un domingo por la mañana. ¿Podremos encontrar en las obras maestras del Thyssen una referencia para la sostenibilidad de nuestros clubes de fútbol? ¿Nos inspirará el arte a buscar la excelencia en nuestras organizaciones? En Los descargadores en Arlés (1888), Vincent Van Gogh nos muestra a un grupo de trabajadores que descarga carbón de una barcaza sobre el Ródano. Hoy, la economía de Arlés depende en gran medida de la producción de energía limpia generada por las aguas de este río. ¿Existe alguna forma de aprovechar los recursos existentes para generar beneficios minimizando el impacto negativo para el entorno? ¿Pueden los clubes emplear algunos de sus inmovilizados para generar energía renovable? ¿Se pueden optimizar las instalaciones de entrenamiento y estadios para minimizar el consumo energético? La obra de Romare Bearden, pintor comprometido con la lucha por los derechos civiles, gira en torno a la vida y costumbres de las comunidades afroamericanas en las grandes ciudades de Estados Unidos. En Domingo después del sermón (1969), Bearden nos muestra una escena de género vibrante y colorida. Lejos del elitismo y la exclusividad de otros deportes, el fútbol es una actividad accesible y practicada por millones de personas. La inclusión viene impresa en el ADN del fútbol e iniciativas como 'LaLiga Genuine' —un torneo nacional para futbolistas con discapacidad intelectual— señalan un camino de igualdad y justicia social que los clubes deben recorrer como respuesta a su rol vertebrador de las comunidades en las que están implantados. La Venecia de mediados del s. XVIII, retratada por Canaletto, representaba ya el decadente esplendor de tiempos pretéritos, cuando el mundo giraba en torno al Mediterráneo y sus rutas comerciales. Durante las últimas décadas, a las repetidas inundaciones que sufre la ciudad se suma otro fenómeno que compromete su sostenibilidad: el turismo de masas. Venecia se ha convertido en un parque temático que obliga a replantear un modelo de crecimiento poco equilibrado. ¿Corremos el mismo riesgo en el fútbol moderno? Las normativas de control económico implantadas por los distintos reguladores suponen un dique de contención frente a los excesos del pasado. La transparencia, la integridad, el equilibrio presupuestario y la seguridad en el tratamiento de la información son algunos de los mandamientos para la supervivencia de un modelo rentable pero cada vez más alejado del aficionado tradicional. Son muchos los retos a los que se enfrenta el fútbol profesional en las próximas décadas. Y solo desde un planteamiento ético, comprometido y responsable conseguiremos superar las amenazas que se ciernen sobre este deporte que tantos millones amamos. La sostenibilidad es la única respuesta justa que pueden ofrecer los clubes de fútbol frente al mundo que los rodea. El arte, como siempre, nos brinda una reveladora mirada al pasado para afrontar los retos del presente y adoptar visión de futuro.

El secretario de Estado y eminente jurista John Marshall definió a la empresa, en una célebre sentencia del Tribunal Supremo de Estados Unidos en 1819, como «una persona artificial invisible, intangible, y que existe solo en la contemplación de la Ley». Marshall, a quien imagino con pelo blanco y gesto adusto, sabio y provecto, sentaba las bases de una disciplina que hoy barniza la realidad corporativa de nuestro mundo globalizado. La sostenibilidad, más allá de una camiseta de moda y una bandera para ciertos grupos con vocación mesiánica, requiere implantar un modelo estratégico de negocio que considera las expectativas de los diferentes grupos de interés y exige, por tanto, un compromiso ético por parte de la empresa, ahora ya «persona artificial». Una persona con obligaciones y derechos, sometida incluso al Código Penal, dotada de una conciencia que le permite discernir el bien y el mal y actuar en términos morales.

El Museo Thyssen-Bornemisza propone, entre sus recorridos temáticos, uno dedicado a la sostenibilidad. La propuesta consiste en un viaje por una selección de obras de la excelsa colección permanente de la pinacoteca madrileña. Dos horas de trayecto a través de doce obras que abarcan tres siglos de arte y cultura. Cada obra se interpreta en clave de sostenibilidad, proporcionando al visitante una ilustrativa muestra de las diferentes dimensiones con las que cuenta la sostenibilidad: medioambiental, social y de buena gobernanza.

Hay quien eleva el fútbol a la categoría de arte. ¿Exageran los gaditanos cuando llaman artista al mítico Mágico González? – El Mago, como mínimo, un «genio en lo suyo» (in video veritas). Por su enorme repercusión social, el fútbol no solo se encuentra profundamente arraigado en la cultura contemporánea universal; representa un hecho cultural en sí mismo. La FIFA estima que 265 millones de personas juegan al fútbol en todo el mundo y es, con diferencia, el deporte más seguido tanto a nivel mundial como en España. Y los clubes representan la referencia más inmediata para el aficionado, su banderín de enganche con esa cultura, el faro que guía sus pasos. ¡Qué enorme responsabilidad! ¿No resulta un deber ineludible para estas entidades asumir una gestión ética y socialmente comprometida?

Arte, cultura, fútbol y sostenibilidad. Un plan inmejorable para un domingo por la mañana. ¿Podremos encontrar en las obras maestras del Thyssen una referencia para la sostenibilidad de nuestros clubes de fútbol? ¿Nos inspirará el arte a buscar la excelencia en nuestras organizaciones?

En Los descargadores en Arlés (1888), Vincent Van Gogh nos muestra a un grupo de trabajadores que descarga carbón de una barcaza sobre el Ródano. Hoy, la economía de Arlés depende en gran medida de la producción de energía limpia generada por las aguas de este río.

¿Existe alguna forma de aprovechar los recursos existentes para generar beneficios minimizando el impacto negativo para el entorno? ¿Pueden los clubes emplear algunos de sus inmovilizados para generar energía renovable? ¿Se pueden optimizar las instalaciones de entrenamiento y estadios para minimizar el consumo energético?

La obra de Romare Bearden, pintor comprometido con la lucha por los derechos civiles, gira en torno a la vida y costumbres de las comunidades afroamericanas en las grandes ciudades de Estados Unidos. En Domingo después del sermón (1969), Bearden nos muestra una escena de género vibrante y colorida. Lejos del elitismo y la exclusividad de otros deportes, el fútbol es una actividad accesible y practicada por millones de personas. La inclusión viene impresa en el ADN del fútbol e iniciativas como ‘LaLiga Genuine’ —un torneo nacional para futbolistas con discapacidad intelectual— señalan un camino de igualdad y justicia social que los clubes deben recorrer como respuesta a su rol vertebrador de las comunidades en las que están implantados.

La Venecia de mediados del s. XVIII, retratada por Canaletto, representaba ya el decadente esplendor de tiempos pretéritos, cuando el mundo giraba en torno al Mediterráneo y sus rutas comerciales. Durante las últimas décadas, a las repetidas inundaciones que sufre la ciudad se suma otro fenómeno que compromete su sostenibilidad: el turismo de masas. Venecia se ha convertido en un parque temático que obliga a replantear un modelo de crecimiento poco equilibrado. ¿Corremos el mismo riesgo en el fútbol moderno? Las normativas de control económico implantadas por los distintos reguladores suponen un dique de contención frente a los excesos del pasado. La transparencia, la integridad, el equilibrio presupuestario y la seguridad en el tratamiento de la información son algunos de los mandamientos para la supervivencia de un modelo rentable pero cada vez más alejado del aficionado tradicional.

Son muchos los retos a los que se enfrenta el fútbol profesional en las próximas décadas. Y solo desde un planteamiento ético, comprometido y responsable conseguiremos superar las amenazas que se ciernen sobre este deporte que tantos millones amamos. La sostenibilidad es la única respuesta justa que pueden ofrecer los clubes de fútbol frente al mundo que los rodea.

El arte, como siempre, nos brinda una reveladora mirada al pasado para afrontar los retos del presente y adoptar visión de futuro.

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