La primera atleta

La figura de Carmen Valero era la del tesón y la disciplina, la de una pionera en un momento en el que las deportistas femeninas solo contaban para presumir de sus triunfos.

La primera atleta

La figura de Carmen Valero era la del tesón y la disciplina, la de una pionera en un momento en el que las deportistas femeninas solo contaban para presumir de sus triunfos.

No dejo de hablar de pérdidas y fallecimientos en los últimos tiempos, y prometo que si la vida y la realidad nos dan un mínimo respiro no volveré a hacerlo: pero he sabido de la muerte de Carmen Valero y las palabras pugnaban por ordenarse y homenajear a esta mujer turolense, medio maña, medio catalana, en sus propias palabras, la primera atleta olímpica española. Solo tenía 68 años. Entre sus méritos, haber estado en Montreal 76 y luego, en 1977, proclamarse campeona del mundo de Cross. Valero fue elegida además por World Athletics como la mejor atleta española del siglo XX.

La figura de Carmen, tesón y disciplina, me impresionó desde que la conocí: las fotografías que la mostraban como una joven hermosa, con un punto delicado cuando posaba con sus premios, se transformaban en un testimonio de fuerza y de un vigor extraordinario cuando la veíamos en plena competición con las mejores del mundo, con Tatiana Kazankina o Lyudmila Bragina, esas deportistas legendarias que no sé quién recordará ahora.

El deporte femenino se toleraba bien mientras se mostraba silencioso y en los márgenes, cuando no reivindicaba espacio, inversión o respeto: cuando era el de estas mujeres que solo contaban, y poco, para presumir de los triunfos nacionales, pero que dieron todo y no pidieron casi nada. Resulta fácil olvidarse, con el ruido actual, de quienes abrieron camino: pero sin deportistas como Carmen no hablaríamos ahora de lo que hablamos, ni cómo lo hacemos.

En el listado de Pioneras, el libro que dediqué a 20 mujeres que abrieron camino, se mantuvo hasta el final el nombre de Carmen Valero: incluí, al final, el de Edurne Pasabán, otra mujer extraordinaria, que habló cuando aún nadie lo hacía de enfermedad mental. Siempre me quedó esa espina: y hoy quiero manifestar aquí mi admiración, mi profunda pena, mi rendido homenaje.