Las finanzas también son cosas de niños

Las finanzas también son cosas de niños

¿Por qué esperar? La infancia es un almacén privilegiadamente flexible de información, ávido de recibir todo aquello que pueda facilitar la autonomía de un futuro ciudadano. La progresiva consciencia del poder del dinero es, evidentemente, una de las herramientas básicas. La tentación de mantener a nuestros niños «puros» en una Arcadia en la que todo llega como por arte de magia, sin coste, resulta más que egoísta, negligente. Desde la pequeña paga con la que se compran golosinas, los más pequeños necesitan entender la importancia de las finanzas para crecer sanos también en este apartado.

El último informe PISA sobre la materia, titulado «Results. Are students smart about money?», evaluaba las competencias de 117.000 estudiantes, representativos de 13,5 millones de estudiantes de 15 años en 20 países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). España quedaba en el puesto 11, con 492 puntos, por debajo de la media y lejos de los 547, 537 y 532 de Estonia, Finlandia y Canadá, respectivamente. Por desgracia, nuestros adolescentes parecen arrastrar aún cierto déficit. La solución probablemente esté unos años atrás.

Emma Quintela, directora de zona de Banco Santander en Salamanca y Zamora y formadora voluntaria en varias ocasiones en los talleres de Finanzas para Mortales que organiza el banco, cree que «la educación financiera es necesaria para todas las personas desde las primeras etapas escolares, siendo el propio hogar la primera escuela para los menores. Es importante aprender a manejar y conocer conceptos básicos –como qué son los ingresos, los gastos o el ahorro– que están unidos a nuestra toma de decisiones según avanzamos en nuestra vida personal y profesional».

El hogar mismo es la piedra angular, especialmente en un país como el nuestro, donde cierta noción retorcida de hidalguía considera de mal gusto hablar de dinero… hasta que lo necesitamos y tenemos que buscarlo donde no lo hay. «La mejor escuela de inicio para la educación financiera es nuestra casa, donde los padres con sus comportamientos cotidianos son el espejo de los niños», recuerda Quintela. Algo tan cotidiano y aparentemente sin importancia como el típico comentario «necesito estas zapatillas de tal marca para hacer deporte o ir al cole» se puede convertir, a ojos de los hijos, en toda una prueba sobre «la gestión doméstica que hacen sus padres».

Se plantean multitud de interrogantes que, si se formulan correctamente y se comparten, crean un entorno educativo muy valioso: «¿Ajustamos de manera funcional el presupuesto del que disponemos a la necesidad de unas zapatillas para hacer deporte? ¿Lo necesito? ¿Entiendo qué es el ahorro? ¿Cuánto ingresos tengo y cuántos gastos? ¿Cómo genero ahorro? ¿Entiendo los riesgos de mis decisiones?»

Además, la necesidad se extiende a todos los ámbitos. «Hay que educar desde las carencias de familias en riesgo de exclusión, hasta las de aquellas que pueden caer en el exceso, según clase social, buscando siempre el equilibrio entre la necesidad y la realidad y valorar el esfuerzo del ahorro», sostiene Quintela. Por eso, cree que «la educación financiera es un tema de todos; gobiernos, instituciones públicas y privadas, colegios, familias, empresas… Es una responsabilidad social que necesita contar con toda la colaboración para que el impacto en la sociedad sea positivo».

Desde el sector público, la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) y el Banco de España, por ejemplo, han desarrollado un Plan de Educación Financiera, en respuesta a las recomendaciones de la OCDE, el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Organización Internacional de Comisiones de Valores (IOSCO) y la Comisión Europea, entre otras instituciones. Además de España, unos 60 países están diseñando o han implementado ya estrategias nacionales de educación financiera.

Pero la tarea necesita también el impulso del sector privado. «El papel de las entidades financieras ya es una realidad y es fundamental», explica Quintela. «En nuestro caso, por ejemplo, Banco Santander lleva casi diez años impartiendo talleres de educación financiera a través de Finanzas para Mortales, con empleados voluntarios que ponen sus conocimientos a disposición de los demás enseñando conceptos básicos de cultura financiera a diferentes niveles, desde menores en edades escolares hasta la universidad, y también a colectivos en riesgo de exclusión, complementando la formación con sesiones de motivación y habilidades en el desarrollo personal».

La labor de «Finanzas para Mortales», además, trae satisfacciones en dos direcciones. Los alumnos aprenden, pero los profesores también adquieren algo muy valioso. «Siento mucho orgullo de que Banco Santander me dé la oportunidad de compartir mi conocimiento y enriquecerme colaborando en la educación financiera con el apoyo de toda la comunidad educativa y universitaria de mi ciudad», dice Quintela.

«He tenido la suerte, por ejemplo, de poder ir al colegio de mi hija con el programa Finanzas para Mortales antes de la pandemia. Fue una experiencia muy satisfactoria y motivadora y estoy deseando retomar esta formación como el resto de voluntarios del banco en Salamanca y Zamora, a los que siempre agradezco su generosidad, compromiso y disponibilidad para aportar valor a la sociedad y compartir conocimientos para que los niños aprendan a ahorrar, que es muy necesario».

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