OPINIÓN | El segundo Balón de Oro que Messi no mereció

OPINIÓN | El segundo Balón de Oro que Messi no mereció

La presencia de Leo Messi en la alfombra roja de París, acompañado de Antonella y de sus tres hijos, todos perfectamente uniformados en la Gala del Balón de Oro, hacía presagiar lo que era un secreto a voces desde hace días. Emoción ninguna. El argentino iba a recibir el galardón que le acredita como futbolista del año, su séptimo entorchado. La presencia de Fernando Alonso, como portador de uno de los preciados trofeos, fue de lo más sorprendente de la noche francesa.

Desde un punto de vista meramente futbolístico, la decisión es más que cuestionable. Pocos pueden dudar que Messi es el mejor jugador del mundo en la última década, pero se debería estar premiando al jugador del año. Los méritos, en ese sentido, son más que cuestionables. La consecución de la Copa América con Argentina, el primer título que tanto se le resistía con su Selección, 23 goles y 8 asistencias en el año natural, su peor cifra en los últimos años y la Copa del Rey, serían los hipotéticos avales deportivos.

Si los méritos fuesen numéricos en la ecuación entre goles y títulos conquistados, el delantero polaco del Bayern Munich, Robert Lewandowsky, merecería con creces la máxima distinción. De hecho, en el desierto premio del año de pandemia no habría tenido color. Si se trataba de premiar a Messi, se podría haber recuperado el Balón no entregado el año pasado para hacerle justicia a este delantero de época, que es la bandera del Bayern. Seguramente, su no fichaje sea el gran error histórico de Real Madrid y Barcelona, cuando gastaban por castigo. Benzema, a pesar de su excelso año, estaba muy penalizado por la ausencia de títulos de su club y el más laureado, el italo-brasileño Jorginho no estaba en ninguna quiniela.

Ninguna de las 2.000 personas que abarrotaban el parisino Teatro Chatelet pudo sorprenderse al escuchar el nombre de Leo Messi. En 2010, cuando compartió podio con Iniesta y Xavi, fue la primera ocasión en la que no debió conquistar ese galardón. Cualquiera de los dos españoles marcaron una época en el fútbol y, encima, fueron fundamentales para ganar el Mundial de Sudáfrica. Aquella gesta no tuvo premio.

De los siete conseguidos, éste será el segundo Balón de Oro que Messi no merecería poner en su vitrina. Se demuestra, una vez más que lo icónico del personaje pesa muchas veces más que los méritos deportivos. El impacto de su fichaje por el PSG y el impresionante recibimiento en París así lo corroboran. Lewandowsky, el mejor jugador del año, tendrá que conformarse con haber sido reconocido como delantero del año, un caramelito para endulzar su no elección como Balón de Oro. Hasta Messi tuvo que pedir en su alocución, que France Football le hiciese justicia y le entregase el desierto premio del año de la pandemia. Sus palabras estuvieron a la altura esta vez de sus sentimientos por el título conseguido con Argentina.

El fútbol español sí tuvo protagonismo en la Gala y mucho que festejar en París: en primer lugar, el Premio Kopa de Pedri, al mejor joven del año. Sus emotivas palabras, como buen canario, acordándose de La Palma y todos los que han sufrido las consecuencias del volcán en La Isla, hablan no sólo de un joven valor excepcional, sino de un futbolista comprometido e inteligente, dentro y fuera del campo.

El nombre de la noche, más allá del de Messi, fue el de Alexia Putellas. La jugadora del Barcelona escribió su nombre en la historia del fútbol y del deporte español con un Balón de Oro que debe ser motivo de orgullo y de un fútbol femenino que, poco a poco, se va haciendo hueco en nuestro país contra viento y marea.