Tras la estela de Greta Thunberg: se duplican los jóvenes españoles afiliados a una asociación ecologista

Tras la estela de Greta Thunberg: se duplican los jóvenes españoles afiliados a una asociación ecologista

El ecologismo no se aprende en la escuela. Lo atestiguan el 53%de los jóvenes españoles que consideran insuficientes los contenidos medioambientales que reciben en la escuela,. Un punto por debajo que hace cinco años. Así se desprende de un informe de la Fundación Endesa, «La cultura ecológica en España: prioridades, costes, actitudes y el papel de la escuela», elaborado por Víctor Pérez-Díaz y Juan Carlos Rodríguez, presidente e investigador respectivamente del Analistas Socio-Políticos, en colaboración con la Fundación Europea de Sociedad y Educación.

Es una de las muchas conclusiones que se repiten del informe anterior, publicado en 2016. Desde entonces han pasado cinco años. Un lustro en el que se han sucedido tres gobiernos, ha estallado una pandemia y el panel de expertos en cambio climático de la ONU ha publicado un nuevo -y alarmante- informe y los líderes de medio mundo se han reunido en cuatro Conferencias de la ONU sobre el Cambio Climático para tratar de hallar una solución a la creciente esta problemática.

La ineficacia de estos para encontrar respuestas al cambio climático continúa anclando a políticos y empresas al final del ránking de confianza de los jóvenes para informarse sobre cuestiones medioambientales, aunque ha crecido ligeramente respecto al año anterior. En cambio, la confianza en organizaciones ecologistas y científicos como actores de los que informarse se ha mantenido alta, entorno al 64,3% y el 63% respectivamente.

En este esquema, los centros de enseñanza parecen tener un papel menor: a casi un 60% de los encuestados les gustaría haber sabido más sobre cuestiones relacionados con el medioambiente, pero no pudo debido a la falta de contenidos de este tema. Una demanda que es creciente si se compara con el 30,8% de los que expresaban esta exigencia en 2016. En cuanto a la formación del profesorado en estas cuestiones, el alumnado le otorga un aprobado raspado, con un 5,21.

Todo ello a pesar de que ha aumentado considerablemente -un 47,3% frente a un 27,6%- el número de encuestados que recuerdan algún plan o proyecto escolar ligado al medioambiente local. Algo que no se corresponde con un cambio en los planes educativos, que han permanecido intactos hasta el momento.

A pesar de estas carencias, una amplia mayoría de los jóvenes, un 71,2% se considera bastante informado sobre las problemáticas medioambientales. Fruto de este conocimiento es la preocupación por la conservación del medioambiente, cuestión muy grave para el 91,9% de los jóvenes que un 90% considera muy urgente resolver.

Entonces ¿dónde se forman? Para responder, es preciso desplazarse tres años atrás en el tiempo y 3.000 kilómetros al norte, cuando la mecha prendida por Greta Thunberg frente al Parlamento Sueco prendió a la juventud desencantada de medio mundo. Herencia de aquel movimiento es el aumento del activismo ecologista entre la juventud. Según el ecobarómetro de la Fundación Endesa, el 7% de los jóvenes que afirmaban pertenecer a alguna asociación ecologista en 2016 se ha duplicado hasta alcanzar el casi 14% en 2020.

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